Legendario, milenario y con numerosas virtudes, el olivo es un patrimonio innegable y un componente esencial del paisaje mediterráneo. Este árbol ha desarrollado a lo largo de los siglos, una cierta divinidad que viene no solamente del carácter terapéutico de sus frutos, sus hojas y su aceite, sino del valor religioso y místico que ha adquirido a lo largo de la historia desde las poblaciones fenicias hasta hoy día. Su aceite tiene unas propiedades enormes: nutritivo, suavizante, conservante, aromatizante, portador de luz y calor, calma y pacífica, lubrifica, depura y limpia. A partir de estas propiedades se le hizo símbolo de sabiduría, de luz, de inteligencia, de paz, bienestar, suavidad y luz interior. Desde tiempos antiguos sus hojas han sido apreciadas por sus propiedades medicinales. Los antiguos egipcios la usaron en el proceso de momificación de reyes y personalidades relacionadas con la realeza. En otras culturas, incluyendo la griega, usaron las hojas como remedio natural para bajar la fiebre, curar las heridas cutáneas.

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En el siglo XIX,  se sirvió de la hoja de olivo para combatir contra la malaria. En aquella época, se informó sobre una sustancia amarga proveniente de la infusión de la hoja de olivo como agente responsable para la curación de la malaria y las fiebres asociadas a esta enfermedad.

Debido a la aparición de los antibióticos, la hoja de olivo dejó de ser estudiada durante un tiempo. Sin embargo, en los últimos años, los extractos de hoja de olivo han aparecido en el mercado, apreciados por sus virtudes y sus propiedades antimicrobianas, antivíricas, antihelmínticas y anti fúngicas. Numerosos estudios recientes tanto en animales como en humanos han destacado también  que la hoja de olivo presenta numerosos beneficios cardiovasculares, antioxidantes y ligera actividad hipo-glucemiante y diurética. En estudios más específicos dentro del campo de la química analítica, como los que se desarrollan en nuestro centro, el CIDAF, se han encontrado muchos compuestos antioxidantes responsables de los dichos beneficios de la hoja de olivo.  El principal constituyente de la hoja de olivo es la oleuropeína, un iridoide amargo, responsable en gran medida de su actividad. La oleuropeína, también se encuentra en el fruto y en el aceite, pero el contenido de la hoja es muy superior frente a las otras partes del árbol. El hidroxitirosol se cree que es uno de los antioxidantes más potentes. Posee un valor ORAC de 40000 umolTE/g, diez veces superior a las hojas del té verde. Los antioxidantes polifenólicos son conocidos por su actividad de prevención o reducción de los efectos negativos ocasionados por los radicales libres como la inflamación crónica y el estrés. El tirosol es otro antioxidante polifenólico que protege a las células del daño ocasionado por la oxidación. Este efecto contribuye significativamente en los efectos benéficos que tiene la dieta Mediterránea.

 

¿Cómo realizar una infusión de la hoja de olivo?

Verter 1 litro de agua hirviendo en un recipiente que contiene 50 g de hojas de olivos secadas y cortadas. Dejar reposar 20 minutos. Colar y beber una taza después de las comidas.